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La OEA, Cuba y los Derechos Humanos

La OEA, Cuba y los Derechos Humanos

Una amplia repercusión mundial, sobre todo  la aseveración “estamos dispuestos a sentarnos a discutir —como dije— cuando quieran”, han tenido en la prensa internacional las palabras del mandatario cubano Raúl Castro en el segmento público de la V Cumbre Extraordinaria del ALBA el 16 de abril de 2009 en Cumaná Venezuela.

Los cubanos se mantienen al tanto de estos acontecimientos.

Al final, la intervención íntegra.

 

Fragmentos:  

No quiero hablar de la OEA, ya hablé en Sauípe, en la reunión de la Cumbre de Río, ¿eh? Y, además, el amigo Zelaya se reunirá con todos los delegados a fines de mayo y principio de junio próximo; no quiero contestar a las palabras que dijo el señor Insulza recientemente, porque ya le contestó el compañero Fidel hace unas horas.

Podemos decir muchas cosas más de la OEA. La OEA, puede decirse que, resume sangre desde su propia creación, Cuba es un ejemplo, pero antes que Cuba hay muchos más. Venezuela, por ejemplo, yo estaba guardando prisión por lo del ataque al cuartel Moncada en 1954, escuché lo de la intervención en Guatemala, ¿por qué?, porque un presidente honesto, que había sido coronel del ejército guatemalteco, Jacobo Arbenz, una vez ganada la presidencia, dentro del marco de las reglas del juego que habían impuesto los norteamericanos en ese país, y las clases dominantes en todos los países del mundo, ganó las elecciones, y quiso entregar un poquito de tierra a los aborígenes, a los indios, a los descendientes de la gran cultura maya.

¿Qué hubiera pasado si en Cuba nos invaden con tropas norteamericanas en 1961? Solo comparo ¿cuántas muertes hubo en la hermana república de Guatemala como consecuencia de aquella intervención de 1954, también organizada por los yankis, también dirigida por los tres mismos personajes mencionados anteriormente, también apoyada por la OEA? ¿Por qué la OEA no la condenó?

Según dicen algunos historiadores contemporáneos, a consecuencia de esa intervención y las dictaduras que posteriormente asolaron esa hermana república de Guatemala, han muerto entre 250 000 y 300 000 guatemaltecos. ¿Es así o no es así? ¿Es esa cantidad, es más, es menos? Fueron cientos de miles de víctimas. ¿Quiénes son los responsables? ¿Quién los acusó? Salvo los pueblos, la gente honesta, algún que otro gobierno.

¿Cuántos muertos hubiera tenido Cuba, con muchos más habitantes, con mucho más armamento, aún en esos momentos, y con una tradición de lucha, recientemente reverdecida por el triunfo de la Revolución, en 1959, y con cientos de miles de cubanos armados ya en esos momentos? ¿Alguien podrá calcularlo?

Yo no entiendo esa democracia de Estados Unidos, no la entiendo; yo le he dicho, incluso, a algunos ciudadanos norteamericanos que en Estados Unidos hay un partido, un solo partido; estudien la historia de los dos, estudien el proceder, la forma de actuar ante cada hecho en que han tenido que tomar una decisión importante. Lo que tienen, es cierto, bien engrasado su sistema, su prensa; puede ser que una editora o un grupo de periódicos, como hay en Estados Unidos y en Europa, de una sola empresa, abren un abanico mayor y le dicen a la prensa: Ustedes de esto escriban lo que quieran, pero de este resto del problema se escribe solo lo que quiere el dueño del periódico, o de la estación de radio, o de la estación de televisión. Eso es así, y si no que alguien me demuestre lo contrario a mí.

Pero yo decía que hay un solo partido. Dice: “¿Cómo es eso?” Digo: “Sí. ¿Quiere un solo ejemplo?” Cómo es posible que un gobierno republicano, Eisenhower, organice una expedición contra Cuba y tres meses después de tomar posesión un demócrata autoriza la invasión. Esa es la realidad, podría estar hablando muchas cosas más aquí.

Podemos estar equivocados, lo admitimos, somos seres humanos; estamos dispuestos a sentarnos a discutir —como dije— cuando quieran, lo que pasa es que ahora —y para concluir— es evidente que tienen que formar este ambiente y a todo el que discrepe en algo, enseguida le salen diciendo que democracia, que libertad, que prisioneros.

El otro día —en Brasilia—, un periodista insolente y provocativo, después de una reunión con el presidente Lula, en una entrevista me preguntó, “¿Cuántos disidentes han fusilado?” Ni se oyó, y se puso a temblar cuando le contesté, en la forma en que yo sé contestar. ¡Temblaba!, y de ahí le dije: “Sí, los disidentes esos, que están a sueldo de Estados Unidos, ve a ver el último presupuesto que se aprobó en el Congreso, la partida de 57 millones de dólares para financiar a todos esos disidentes ‘patriotas’, ‘periodistas independientes’, etcétera. ¿Y por qué no nos sueltan nuestros cinco héroes, jóvenes heroicos que no le hicieron ningún daño a Estados Unidos, ni buscaron información contra Estados Unidos, sino contra los terroristas que atacaban y han estado atacando en mayor o menor intensidad durante estos casi 50 años a mi país?”.

Entonces, surgió ese planteamiento y lo ratifico hoy aquí: Si quieren la libertad de esos supuestos “presos políticos”, entre los cuales algunos cuentan a unos terroristas confesos, guatemaltecos y salvadoreños, que fueron juzgados en Cuba, condenados, incluso, a la pena de muerte —que se mantiene pero que no la aplicamos hace rato— y les fue conmutada por cadena perpetua. Suelten a nuestros prisioneros y les mandamos para allá —con familia y todos los que quieran— a esos llamados disidentes y patriotas.

La intervención completa en:  

http://www.juventudrebelde.cu/internacionales/2009-04-18/el-planeta-entero-condena-el-bloqueo/

Imagen: Cumbre extraordinaria del ALBA

 

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