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Los cisnes de Mantua y un barco

Los cisnes de Mantua y un barco

A raíz de la convocatoria del Centro Provincial de Cine en Pinar del Río para el evento Cámara y Acción, recordábamos, no sin arrepentimiento, que en una pasada feria del libro en la provincia perdimos la oportunidad de entrevistar a Enrique Pertierra, autor del libro Mantua en Cuba: entre la historia y la leyenda.  

 

No siempre quienes ejercemos esta profesión logramos dar en el clavo de la actualidad, a veces por nuestras propias fallas, otras, por causas ajenas a nuestra voluntad; éste fue uno de esos casos para colmo después conocimos que  Pertierra -con toda la razón del mundo- dijo que una periodista lo había tenido un rato esperando.

La feria del libro es una oportunidad única en una provincia para contactar de primera mano con fuentes autorizadas en el asunto, quienes tienen información detallada u opiniones que pueden provocar inmediata refracción en todo el país, aunque parezca una exageración o un “habanacentrismo”, sin negar el vital y originario movimiento cultural que con sabor y semejanza a cada localidad habita en toda la isla y que espera ser “descubierto”.

 

Eso nos ocurrió con Pertierra y por unos 30 minutos perdimos la posibilidad de entrevistarlo. ¿Por qué tanto interés?. Por Mantua no se pasa, sino que hay que ir hasta allí. En este caso la montaña había venido hasta la feria y el  libro ya se comentaba entre los historiadores de la provincia.

No es capricho de aldeanos vanidosos que quieran hacer de su aldea el ombligo del mundo, es como una necesidad de nuevas polis, aquellas  ciudades estados de la antigua Grecia en las que no había oposición entre lo urbano y lo rural, pues muchos residentes urbanos vivían de las rentas del campo. Quizás haya que ahondar más en esta experiencia a la luz de los actuales vientos que corren en un mundo, en el cual la tenencia de alimentos asciende en la escala de todos los poderes. 

 

Retornamos a Mantua, el barco y los cisnes. La creencia de que la fundación de este poblado pinareño se debe a náufragos italianos tiene tanta interiorización que en el escudo mantuano, obra de Valderrama en 1946, se representa el naufragio.

¿Fantasía novelera?, ¿búsqueda de exotismo?. Nadie mejor que el investigador y escritor Enrique Pertierra para destapar todas las pistas, rastros, evidencias, o como quiera llamárseles y que están asentadas en los registros de nacimiento del territorio, con marcada reiteración en apellidos italianos. ¿Cómo llegó esta imbricación del árbol genealógico?.

 

Pertierra despierta los senderos de la curiosidad humana, esos que nos llevan a buscar en viejos papeles y reliquias, no por el afán de encontrar herencias escondidas como lo dibuja tan isleñamente una película cubana, sino por la necesidad de saber de dónde procedemos, qué mares trajeron a nuestros ancestros, de qué confín del mundo, qué sangre corre por nuestras venas, qué hacían los abuelos de nuestros tatarabuelos.

 

Es ese el tejido por el que nos conduce  Gabriel García Márquez en Cien años de soledad y que pulula en la mente de cualquier ser humano cuando vemos un daguerrotipo amarillento, con el raro encanto de lo antiguo, ese que nos trae por asociación a la familia de los Buendía.

Quien sabe si Pertierra fue aguijoneado por esa atracción. Él también ha publicado Italianos por la independencia de Cuba, Editorial José Martí, 2000.

Los más viejos de Mantua hablan en el libro del escritor pinareño quien presenta, además, documentos sobre Montova, Italia, y Mantua, Cuba que navegan en las diferentes versiones del posible arribo de italianos a un lugar cercano al surgidero de  Los Arroyos.

 

Autoridades españolas quisieron nombrarle Guane del Norte al poblado, pero no tuvieron éxito, pues los lugareños se aferraron a su leyenda, a su identidad y no permitieron trasmutaciones colonizadoras.Simbólico.

Uno de los elementos que más base dan a las evidencias es la parroquia erigida en 1765 bajo la advocación de la Virgen de las Nieves, patrona de Mantua desde aquella época y único lugar de Cuba en el que ocurre esta veneración.

 

Esta virgen tiene sus raíces de seguidores en la Basílica Santa María la Mayor, en Roma, con el nombre de La Virgen, y en la ciudad Montova, desde los albores del siglo XVII, según datos publicados en el libro de Pertierra.    

El sencillo volumen ya anda por tres ediciones que se han agotado tanto en Italia como en Cuba.

Su autor ha confesado que al plasmar todas las versiones, documentos y pistas no pretende demostrar nada, sino acercar la leyenda a la historia, algo que logra el libro reeditado por Ediciones Loynaz.

No toda la historia de este título, sencillo, de lenguaje directo está agotada.

 

Quedan los deseos de preguntarle a Pertierra qué métodos emplea para su investigación en archivos, cuántas horas dedicó; el cruzamiento de fuentes y variables que se propuso; cuál fue la primera chispa que despertó su búsqueda; la mayor satisfacción que ha tenido después de esta publicación que ya no es noticia, aunque a nuestro modo de ver, todavía no llega a ser fiambre, al menos para nosotros.

Al visitar Mantua siempre encontramos en el pueblito, limpio como ninguno y con un intenso movimiento cultural, un no sé qué de atractivos mezclados, por su nombre, por los mangos de Roque derribados por antiguos huracanes y vueltos a plantar, o quizás por ese fervor por su historia parecido al que viven los habitantes de la provincia Granma y que sorprende en cualquier pedazo de su geografía.

     

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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