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ESPÍRITUS APOLILLADOS: DE MADRID A LA HABANA

ESPÍRITUS APOLILLADOS: DE MADRID A LA HABANA  Contra Cuba se sacan esqueletos de los escaparates, lo mismo en Miami que en Madrid. Este artículo de Pedro de la Hoz ilustra estas exhumaciones de restos: Tomado de www.lajiribilla.cu

El cómico argentino Guillermo Francella, en el telespectáculo de variedades que lleva su nombre, llamó a uno de sus personajes Enrique el Antiguo. Era rabiosa y desesperadamente nostálgico en su adicción a los 70, al pop ramplón de la época, a las patillas largas, a los pantalones acampanados, a la más trivial zoncera. En el tiempo de la televisión en colores, se presentaba en blanco y negro. Vivía totalmente fuera del tiempo. Quería caer en gracia y terminaba por ser patético.

Su imagen me vino a la memoria al saber con cuánto esfuerzo ciertos sectores de la industria mediática española, asociados en cuerpo y alma a quienes en Washington y Miami sueñan con quebrar la decisión soberana del pueblo cubano de construir una sociedad digna, libre y justa, reciclan gastados argumentos para demonizar a Cuba y tratar de convencer a la opinión pública de que la isla antillana es el peor de los mundos posibles. Uno de los últimos actos de esa saga resucitó nada menos que un libro del escritor y diplomático chileno Jorge Edwards más de tres décadas atrás, en el que como una despistada criatura de John Le Carré detrás de una falsa cortina no de hierro sino de bagazo, se intenta presentar la realidad cubana de los 70 —y por arte de una transición metafísica, la de hoy— como una especie de gulag tropical donde la utopía revolucionaria había fracasado y las ilusiones intelectuales estaban muertas. Persona non grata se tituló aquella crónica, publicada inicialmente en 1973, ahora reeditada por Alfaguara, celebrada y comentada por el diario madrileño El País, aplaudida por El Nuevo Herald, Encuentro en la Red y Radio Martí, mediante notas y entrevistas en las que se descubren cosas muy interesantes, como que a Edwards nunca lo declararon persona non grata cuando ejerció la diplomacia en La Habana por encargo del gobierno de la Unidad Popular y que su resentimiento contra la Revolución Cubana se ha hecho extensivo contra la memoria del presidente mártir Salvador Allende. Los editores y apologistas de este cadáver literario exhumado a deshoras —entre estos últimos Manuel Díaz Martínez y Raúl Rivero, no faltaba más— quieren olvidar (o prefieren ignorar) cómo la propia intelectualidad cubana ha ventilado, sin prejuicios ni paños tibios y sí con mucha responsabilidad, las circunstancias de la vida cultural de aquellos años en los que Edwards creyó ver el descalabro espiritual de un proyecto social inédito como lo era, y sigue siendo, el de Cuba. Alfredo Guevara, Tomás Gutiérrez Alea, Ambrosio Fornet, Roberto Fernández Retamar, Reynaldo González, Antón Arrufat, César López, Miguel Barnet y Eduardo Heras León, entre otros, algunos de ellos mismos afectados por circunstanciales desaciertos y distorsiones en la aplicación de la política cultural de la Revolución en el contexto que Edwards interpreta a su manera, han abordado los avatares de esa época con la valentía y la honestidad que carecen los intentos que a estas alturas tratan de revivir fantasmas y alimentar rencores. Claro está, ninguna de las reflexiones de esos escritores tiene cabida en el catálogo de Alfaguara —cuya vedette literaria cubana fue Guillermo Cabrera Infante— ni acceden a las páginas de opinión de El País ni gozan del despliegue promocional que ha acompañado el relanzamiento del tomito de Edwards.

Ahora bien, ¿por qué reciclar Persona non grata? Todo parece indicar que es el resultado de una terrible sequía de nuevos argumentos “anticastristas”. Es como si no quedara más remedio que desempolvar páginas y espíritus apolillados ante la más testaruda realidad: la Cuba que pretenden negar, existe y avanza; la que se suponía naufragada, navega; la experimentación, el debate y el cuestionamiento intrínseco a todo acto de genuina creación encuentran espacios en la trama cultural de la isla.

Y por si fuera poco, esa Cuba es defendida por decenas de miles de intelectuales y personalidades de mundo y medio que representan las más diversas tendencias y filiaciones. En apenas unas semanas, desde los primeros días de agosto hasta mediados de octubre de este 2006, más de 34 000 firmas procedentes de 124 países, entre ellos 10 Premios Nobel, suscribieron el llamamiento “La soberanía de Cuba debe ser respetada”, que ha constituido una barrera moral contra las amenazas de la administración Bush. Justo mientras Alfaguara y El País juntaban esfuerzos para vender la antigualla de Edwards, casi 200 intelectuales de Asia, África, Estados Unidos, América Latina y Europa, incluida España, reunidos en Roma en el IV Encuentro Mundial de la Red de redes En Defensa de la Humanidad, alzaban sus voces para condenar la hostilidad imperial contra la isla. A renegados y reciclados solo les va quedando el papel de Enrique el Antiguo: el triste futuro de ser recordados como datos folclóricos....  
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2 comentarios

Zenia -

Antoni. Parece que tratan de estar a la moda, de la que dicta el imperio.
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Anónimo -

Antoni.

Se les ha quedado el complejo de la conquista a algunos en Madrid.
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