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OLOR A CUBA

OLOR A CUBA

Cuba huele. Y no es que me haya contagiado con el escritor de ese best seller llamado El Perfume.

El trópico, las islas y sus costas tienen un olor a sargazo, a sal.

Los frijoles sazonados huelen cuando están en su hervor a ajo porro, ají, laurel, ligado con esa pizca de azúcar que desde las abuelas se estila en la cocina criolla, acostumbrada a la racionalización, pero también al invento, que crece en canteros en los jardines o en macetas colgadas en la parte trasera de los balcones.

Siempre hemos estado emparentado con las yerbas: curar, relajar y cocinar son tres verbos en los que ellas intervienen.

¿Qué sería de nosotros sin el olfato?. En ello pensaba al leer un interesantísimo artículo acerca de este sentido que no siempre valoramos bien.

¿Pueden olerse las emociones?
El cerebro se educa relacionando algunos olores con emociones y el recuerdo de escenas vividas. Hay estudios que interrelacionan la memoria, sobre todo la primera memoria, la anterior a la segunda década de vida todo un catálogo de olores.

 Hay olores que pueden evocar una situación pasada con mucha mayor exactitud que los sentidos de la vista o el oído. Y es cierto: la cocina de mi abuela en mi inocente infancia viaja conmigo por todos los senderos de mi vida.

Oleríamos mejor si educáramos el olfato. Investigadores galos han descubierto que el olfato humano es capaz de discernir entre 10.000 olores distintos. Puede que sea poco en comparación con lo que huele un perro, pero el organismo humano alberga de doscientos a mil genes codificadores de receptores olfativos.

El sentido del olfato es a menudo el primero en advertirnos acerca de un peligro que somos incapaces de ver.
Joaquim Mullol, coordinador de la Unidad de Rinología. Hospital Clínic de Barcelona es autor del primer estudio llevado a cabo en España sobre epidemiología de los trastornos olfativos, el OLFACAT.

Puestos a perder algún sentido, el olfato no se antoja de los más importantes...
Pruebe a no oler y pensará de otro modo. El especialista apunta que hay pacientes con auténticas depresiones motivadas por una incapacidad total (anosmia) o parcial (hiposmia). No poder sentir el olor de un hijo o de un ser amado produce una enorme frustración.

Por otro lado, los trastornos del olfato pueden estar detrás de algunas explosiones de gas en edificios urbanos.Nuestros quimiosensores también orientan sobre problemas graves en la salud. Obesidad, diabetes, hipertensión, malnutrición, enfermedad de Parkinson, enfermedad de Alzheimer, esclerosis múltiple o psicosis de Korsakoff guardan relación con trastornos del olfato.

La nariz es importante por muchas razones. Además de actuar como instrumento esencial para los sentidos del olfato y el gusto, aloja el aire inspirado en la cavidad marcada por un tabique cartilaginoso y lo desplaza después hasta la parte superior del paladar, la garganta y los pulmones.

En la parte superior de la cavidad nasal se encuentra el epitelio olfativo, un tejido formado por células nerviosas con pelitos microscópicos llamados cilios, recubiertos de receptores especiales sensibles a las moléculas del olor que viajan suspendidas en el aire.

 Hay al menos veinte tipos distintos de receptores, y cada uno tiene la capacidad de identificar olor.

Los trastornos del olfato tienen muchas causas, algunas más claras que otras. La mayoría de las personas comienzan a sufrir trastornos del olfato después de haber padecido una infección importante de las vías respiratorias superiores o un traumatismo encefálico

 La aparición de pólipos en las fosas nasales, las infecciones de los senos paranasales, los trastornos hormonales y algunos problemas dentales pueden causar tanto anosmia como hiposmia.

EL PELIGRO
El sentido del olfato es a menudo el primero en advertirnos acerca de un peligro: el humo de un incendio o las emanaciones de gases peligrosos pueden advertirnos de algo que somos incapaces de ver y que, sin embargo, nos acecha.

En la evolución de los primates se ha ido perdiendo progresivamente la capacidad de discriminar olores. Este deterioro evolutivo se relaciona con la adopción de una posición erguida que separa nuestra nariz del suelo, que es donde más olores se concentran.


El rotativo catalán El Periódico,  distribuyó una encuesta que incluía cuatro olores micro-encapsulados: rosa, perfume, gas natural y plátano.

El estudio concluyó que la detección de olores parece alcanzar su plenitud entre la segunda y la cuarta décadas de vida y empeora a partir de la sexta. Pero lo verdaderamente asombroso e insospechado fue el hallazgo de que el hábito tabáquico afina el sentido del olfato.

El propio Mullol reconoce que alguna sustancia presente en el humo del tabaco «protege las neuronas y estimula el sentido del olfato».

 

FOTO.  Península de Guanahacabibes, Pinar del Rìo, Cuba- una de las dos àreas protegidas que tiene la provincia más occidental cubana.  

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