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Milagro se llama Estéfani
*-Cuando nació no tenía parte de su intestino. El 90 por ciento de esos casos fallece en cualquier parte del mundo, pero la ciencia pinareña y la dedicación de los médicos y enfermeras de Mantua, provincia Pinar del Río, le devolvieron la salud.
Por Edmundo Alemany Gutiérrez/ Foto: Santiago Calero
Estéfani vino al mundo sin ciego, sin colon ascendente y sin una parte del colon transverso. El 90 por ciento de esos casos fallece en cualquier parte del mundo. Fue en octubre de 2003 y hoy vive gracias a lo hecho en el hospital de maternidad Justo Legón Padilla, en Pinar del Río, y por el seguimiento que se le ha brindado en Mantua, poblado donde reside.
Una mancha oscura observada en un ultrasonido dio la alarma a los médicos: podía tratarse de una malformación digestiva, pero había que esperar al nacimiento.
CIENCIA CONTRA LAS PROBABILIDADES
Pese al tiempo transcurrido, el doctor Sergio Piloña Ruiz no olvida a Estéfani, porque lo infrecuente y la letalidad de estos casos hace que queden en la memoria de cualquier especialista.
“Al nacer se corroboró que tenía un cuadro oclusivo intestinal. Realmente, por los estudios radiológicos practicados, se pensó en una atresia intestinal colónica, una de las más graves que se pueden presentar en el periódo neonatal.

La joven madre dice no saber expresar lo
que agradece todo lo hecho por la salud de
Estéfani tanto en Pinar como en Mantua.
“Se le intervino quirúrgicamente, al día siguiente de su nacimiento, para darle las funciones a la parte de su intestino que estaba en desuso. Hubo que dejarle un orificio en su abdomen para por él irrigarle con solución salina y aumentarle el calibre de esa parte de su sistema digestivo”, explica el especialista de primer grado en Neonatología.
El éxito de la complicada operación era parcial si la bebé no respondía a la alimentación, algo frecuente en estos casos.
Al inicio Estéfani vomitaba la leche materna, y estuvo 10 días alimentándose con sueros. Pero su mamá –Yulieski Rodríguez Romero– siguió las recomendaciones del médico.
“Sergito me dijo que la pegara a la teta, y poco a poco la toleró y empezó a mejorar. Cuando el cinco de diciembre le dieron el alta, ya estaba muy bien”, rememora ahora la muchacha de apenas 20 años.
¿TERMINÓ LO DIFÍCIL?
Para la pequeña parecía que no habían terminado las dificultades: el seguimiento que se le da a estos casos es extremo, porque pueden aparecer diversas complicaciones, y ella tenía en contra la lejanía del lugar en que vive, y las condiciones desfavorables en su humildísimo hogar.
Pero en Mantua hicieron con Estéfani lo que caracteriza al sistema de Salud en el territorio: atenciones esmeradas y facilidades para que asista cada tres meses a las consultas especializadas en la capital provincial.
SI NO FUERA EN CUBA...
Estéfani no hubiera sobrevivido, porque una operación como la que le hicieron cuesta no menos de 10 000 dólares en cualquier parte del planeta, cifra que ni soñando pudiera llegar a reunir su humilde familia.
Ahora está a la espera de ser sometida a otra intervención para cerrarle el orificio que queda en su vientre como mal recuerdo de los días de zozobra para los suyos y para los que la atendieron, pero que ella sólo conocerá de oídas cuando crezca y le cuenten de cuán grave estuvo.
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