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La Cenicienta enferma
¿Cómo era Pinar del Río en la salud antes de 1959? Esta es una parte de nuestra historia que algunos no gustan de recordar, otros olvidan por conveniencia y la mayoría desconoce.

Por Edmundo Alemany Gutiérrez

Si ”Iván” no lo borró, en el Cabo de San Antonio existe un pequeño cementerio. En él los que antes de 1959 habitaban la zona enterraban a sus familiares, fundamentalmente niños, fallecidos por falta de atención médica que allí -y en la mayoría de la geografía vueltabajera- no existía.
Por entonces para llevar un enfermo hasta donde estaba un médico –en El Cayuco- había que caminar desde la península de 12 a 16 horas.
Aunque bien distante de la civilización, ese sitio era testigo de lo que sucedía con la mayoría de los vueltabajeros de entonces.
Cuando triunfa la Revolución, Pinar del Río se extendía hasta Guanajay por el sur y Mariel por el norte y se considera que tenía aproximadamente 478 100 habitantes.
SUMIDOS EN EL OLVIDO
Sólo 248 médicos ejercían en la provincia en 1959, por lo que hipotéticamente cada uno atendía a 1 927 habitantes. También unos pocos venían desde La Habana a consultas particulares.
Existían 53 consultorios privados de estomatología, prácticamente la única opción porque no había clínicas estatales.
Los doctores Cirilo Herrera Rodríguez –jubilado- y el desaparecido José María Inguanzo realizaron una exhaustiva búsqueda de los fallecidos en Vueltabajo desde 1899 a 1959.
Revisaron todos los libros de los registros civiles, iglesias y cementerios y los resultados aterran:
“Pudimos concluir que por entonces la tasa de mortalidad infantil era de 60,5 por cada mil nacidos vivos, pero esa cifra es conservadora porque por entonces la mayoría de los bebés que fallecían en las primeras horas de nacer eran considerados muerte fetal”, dice Herrera Rodríguez.
También les llamó mucho la atención que las causas más frecuentes de decesos de la población pinareña durante esos años fueron la tuberculosis y el tétanos.
“En esa época casi todos los partos se realizaban por las llamadas recogedoras, o parteras, con el consiguiente peligro para la vida de las madres y de sus hijos. Y como apenas se hacían necropsias, las causas de los fallecimientos eran a apreciación médica, por lo que se enmascaraba la verdad”, afirma Cirilo.
LOS CHIVEROS
El déficit de fármacos en las pocas instalaciones estatales era significativo, además los llamados viajantes de medicinas buscaban todos los medios para que los galenos recetaran - tanto en esas instituciones como en las consultas privadas- los productos que ellos ofrecían.
Herrera Rodríguez rememora:
“Existían las llamadas recetas de chivo: algunos se ponían de acuerdo con los viajantes y recetaban productos de su firma farmacéutica. Lo mismo indicaban uno determinado que varios que realmente no necesitaba el enfermo. Después esos visitadores revisaban en las farmacias las recetas y les pagaban a los médicos un porcentaje por los productos indicados”.
A los galenos que realizaban esas prácticas les llamaban chiveros, y por entonces hubo muchos por la provincia.
NEGROS NO
También la discriminación racial enseñaba por entonces su feo rostro en Vueltabajo:
“En la Colonia española no se aceptaban negros. A algunos mulatos muy claros, y con dinero, les permitían el acceso a esos servicios, que había que pagar”, rememora Cirilo.
Además, los dueños de las instalaciones privadas boicoteaban a quien entendieran, porque los celos profesionales estaban a la orden del día.
Para ingresar en los hospitales públicos se requería la mayoría de las veces una recomendación de un político, a cambio de votar por él o por quien representaba.
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