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UNA PIEDRA QUE HACE SOPA

UNA PIEDRA QUE HACE SOPA

El viajero golpea la puerta de la penúltima casa de la cuadra. Pregunta: "¿Tienen algo para comer?". Del otro lado le responden: "No tenemos ni para nosotros". El hombre comprende y sigue. En la casa siguiente, golpea y pregunta si tienen una olla. "¿Una olla? Sí, tenemos. Una bastante grande", le contestan con la puerta entreabierta.
- ¿Y tienen agua?- pregunta el desconocido.
- Sí, agua por suerte también tenemos.
- Pongan la olla con agua en el fuego que yo me ocupo del resto. ¡Traigo una piedra que hace sopa ! - comenta el viajero ilusionado.

Y aunque no entienden, y porque están un poco aburridos de entender y otro poco cansados de no creer, lo dejan pasar. Se reúnen con expectativa alrededor del extraño que saca una piedra y la deja caer adentro de la gran olla, que redondeada y abollada parece un caldero.
- Ahora sólo llevará unos minutos hasta que hierva - dice. Y se sientan a esperar. La débil complicidad de la espera los anima a hablar. El hombre cuenta una historia que pone a todos un poco tristes.

- ¿Podrían agregarle un poco de sal? - pregunta el visitante.
- Por supuesto - dice la dueña de casa sacando sal de un tarro y echando un puñado en la olla.
La espera siempre llama a que se digan cosas. Pero la presencia triste del hombre les recuerda historias un poco tristes.
- En la vida cada uno está solo con su sombra - dice la mujer.

- Las mujeres están un poco más solas que los hombres- agrega la hija. Y comenta que el marido de la vecina falta de su casa desde hace un mes. Su padre aclara que el hombre había perdido su trabajo. En eso el hijo, que juega con un cuchillo, comenta que el pueblo está lleno de historias de soledad. Una de la niñas cuenta que el perro de su amiga perdió un ojo.
- Parece que todos perdimos algo el mes pasado - dice la madre.

- ¡ Qué bien nos vendrían unas papas ! Las papas espesan la sopa - dice el viajero. La hija mayor de la familia, mientras pela unas papas, cuenta que la mujer que quedó sola está embarazada.
- Unas zanahorias y una cebolla podrían darle algo de gusto, si me permite - pregunta otra de las hijas.
- Ayer traje un buen repollo de la feria - dice el dueño de casa -, y no estaría mal agregarle algo de la gallina que está en la heladera.

- Se me ocurre que todo lo que podría contar son cosas viejas. ¡Es tan raro que alguien venga a comer! - dice la madre, a la vez que recuerda que ella hasta los cinco años no dijo ni una sola palabra. La niña muda le decían. Hasta que un día después de llorar siete días sin parar comenzó a hablar.
- Cuando no se tiene una verdadera vida se vive de espejismos - dice la hija mayor.

- Pero es mejor eso que nada - completa su hermana.
- Lo importante es no volverse amargas y gruñonas - advierte la abuela mientras agrega una batata y una hoja de laurel a la sopa.
- ¡ Hmm! Qué bien huele... - dice el hijo mayor, que acaba de entrar, acercándose a la olla.
- El viajero tiene una piedra que hace sopa - explica el padre a su hijo -, estamos haciendo una sopa con ella.

Tomado de :

http://algoazul.blogspot.com/

 

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6 comentarios

Zenia -

Àlvaro, esta preciosa fábula la encontrè hace algùn tiempo en el blog algoazul y la guardè en una carpeta, husmeando en ella la he cencontrado despuès de mucho tiempo, y decidì compartirla con quienes visitan este peñòn, perdòn, blog del Caribe.
Hasta pronto.

Álvaro -

Querida Zenia, gracias por compartir esta historia con nosotros. Me parece muy conmovedora y preciosamente escrita.
Le ha agregado un momento de poesía (de la dura) a mi mañana.

Zenia -

Isván, asì es, esta fàbula tiene varias moralejas de gran hondura humana.
Hasta pronto
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Isván -

Buena enseñanza que nos da esta historia.
Gracias por compartirla Zenia.

Zenia -

Carol, amiga mìa. Tanto tiempo. Me alegra que te haya gustado. Hasta pronto

Carol -

Demasiado humano .gracias.
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