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Alfredo Guevara, Cuba y la lucidez

Alfredo Guevara, Cuba y la lucidez

Siempre, pero sobre todo en los últimos tiempos, son muchos los que siguen las intervenciones y análisis del intelectual revolucionario  Alfredo Guevara, por lúcidos y polémicos, al apuntar a los resquicios aún desengrasados que deberá pulir el proyecto socialista cubano, tan joven y en aprendizaje permanente.

Su pensamiento y su decir hacen bien a los oídos en una nación que en 50 años formó miles y miles de profesionales con acceso a disímiles ramas del conocimiento, incluidos la economía política, la filosofía, quienes además vivieron el derrumbe del campo socialista y a pesar de ello supieron mantenerse en su nación y aportar a su sociedad.

Durante el período vacacional el espacio televisivo Privadamente Público - transmitido los martes a las 8.30 pm en el Canal Educativo 2, conducido por el periodista y profesor universitario Raúl Garcés- entrevistó a Guevara, ante las preguntas  del comunicador, definió lo que debe ser un funcionario (hacer funcionar), en el Socialismo, y en lo que debíamos meditar más a menudo.

En  la entrevista La Ventana - Alfredo Guevara: «El cineasta es un descubridor»,  también el reconocido intelectual, que se define como una pequeña figura al compararse con Fidel, aborda las diferencias entre cultura e instrucción, respecto a ello refirió:  

 

Somos un país, una cultura, una identidad cercados militarmente, cercados económicamente, pero cercados intelectualmente también, por una cultura: la norteamericana. No me refiero a la cultura-cultura norteamericana, nada despreciable, sino a la que nos envían para tratar de influirnos, penetrarnos... Con la cultura norteamericana auténtica no puede haber sino puentes. Pero lo que el estado norteamericano exporta mayormente y trata de imponer en el mundo, es lo más superficial, lo más banal, lo más uniformador de la cultura de masas.

”El único modo de resistir de verdad, a fondo y para siempre, es la cultura, la defensa de la identidad. Pero una cultura que vaya más allá de la instrucción. Quisiera yo que alcanzáramos a lograr que el ciudadano tuviese una formación intelectual mínima que lo llevase a apreciar lo auténtico y despreciar lo banal…”.

 

Retomando a Privadamente Público, vale señalar que Garcés, Doctor en Ciencias de la Comunicación, mantuvo durante el período vacacional muy atentos a los profesionales, por su modo de abordar asuntos esenciales para la vida del país, al introducir nudos de conflictos, como bien necesita todo producto comunicativo en el que la unidad y lucha de contrarios - "la existencia de uno presupone la existencia del otro y en eso radica su unidad. Bien, la carga positiva presupone la negativa, el electrón al positrón, la materia a la antimateria"-  debe contribuir al equilibrio.

 

Los hacedores de productos comunicativos violamos esa regla con frecuencia, bien por comodín profesional, bien por la rapidez y operatividad del trabajo reporteril, o por causas ajenas a nosotros mismos, como la falta de datos por parte de una determinada fuente, o por adecuarnos a mecanismos de funcionamiento que no cumplen con lo definido por Guevara.

Desde nuestra humildísima posición de hormigas profesionales conocimos que ahora en la 30 edición del Festival de Cine aparecen rebotes en Internet como éste:  Obama será “la imagen de una época”, dice Alfredo Guevara.

 

El intelectual cubano refirió, acerca del recién electo presidente de Estados Unidos que:  puede no serlo todo o no ser nada, pero es un símbolo y no puede ignorarse”.

 “Tras siglos de injusticia, la palabra ‘negro’ llegó a ser casi identificable con la de esclavo. Negro se queda atrás. Un presidente, un estadista, líder intelectual, imagen de una época, ha entrado al ruedo. Tal vez otras denominaciones, mejores o peores, deparará la historia”.

 

Guevara no se ha mantenido al margen de ningún decisivo proceso para la humanidad, a tono con la obra que ha dejado hecha en la isla caribeña, en la que sin dudas, el cine tiene un bien ganado lugar, por su capacidad de reflejar la realidad y de hacerlo con el ojo carismático de la idiosincrasia del cubano, el mismo que es capaz de leer un buen libro o de afirmar: “te quitaron el marido”, al más llano estilo del gracejo popular, machista y sabrosón.

 

 

 

 

  

 

 

 

 

   

 

 

 

 

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