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NO SÉ QUE HA PASADO CON MI PÁGINA HOSPEDADA EN BLOGIA. NO PUEDO ABRIRLA NI ACTUALIZARLA. SEGUIRÉ ESCRIBIENDO DESDE ESTA QUE ME HA PRESTADO UN AMIGO:

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Alicia Alonso: Conversación con La Última Divina
 
La compañía cubana de ballet regresó hace poco de México. Allá tuvo que dar dos funciones en un día, pues las más de dos mil entradas para la presentación de este arte se agotaron inmediatamente.
Su directora, Alicia Alonso, declaró a su llegada a Cuba que fue un gran esfuerzo de los  bailarines, pero aceptaron gustosos por el amor que sienten por aquella nación.
Esta es una de las manifestaciones de la cultura cubana que más lauros ha recibido en el exterior. Su fama recorre el mundo. Para que conozcan un poco más de ese mito viviente que es Alicia. Traigo esta entrevista publicada este 21 de octubre en el sitio:
http://www.cubarte.cult.cu  por el colega Reinaldo Cedeño:
 
 
 
Mario Pasi la calificó como “la última divina de nuestro tiempo”. Maurice Béjart: “ella es un ser eterno”. Y el célebre crítico inglés Arnold Haskell: “¿Cómo puedes interpretar a Giselle, si Giselle eres tú?”.

Alicia Alonso es uno de los mitos de la danza clásica universal. Comenzó en los predios neoyorquinos en 1938, recorrió el mundo como prima ballerina con el American Ballet Theatre, y se despidió del ballet activo en la propia urbe en 1997, con "El espectro de la rosa.

Su carrera legendaria alcanzó la cima en interpretaciones como "Carmen", "Giselle" y "Tema y variaciones", mientras sus coreografías de los clásicos, forman parte del repertorio activo de numerosas compañías del orbe.

En 1948, fundó con el esfuerzo de unos pocos, el Ballet Alicia Alonso, que sólo después de 1959 gana apoyo oficial y se convierte en Ballet Nacional de Cuba, hoy por hoy, una de las más prestigiosas compañías de su tipo.

En el 2002, la Alonso fue investida en París como Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO, y preside la Fundación de la Danza y la Cátedra con su nombre en Madrid.

Entre sus reconocimientos se hallan la Orden "El Águila Azteca" (1982), el "Premio Benois de la Danza" (2000), la "Orden José Martí" (2000), y recientemente en Cannes, el "Premio Irine Lidova a la vida".

El teatro "Heredia" de Santiago de Cuba, presentó hace pocos días, su versión coreográfica de “El lago de los cisnes”, con las primeras figuras de la Compañía Ballet Nacional de Cuba, de la cual continúa siendo directora general.

Y en puntas, sube la historia de la princesa cisne embrujada (Odette), el príncipe Sigfrido, el engaño del brujo Rothbart y su hija Odile, y finalmente el triunfo del amor… esta vez corporizados por Viengsay Valdés, Víctor Gilí, Joel Carreño y Hayna Gutiérrez, Yolanda Correa y Octavio Martín, entre otros.

“Es una historia que nos piden mucho, con una música muy hermosa (Chaikovski) y mucha fantasía. Y el mensaje es que nunca vence el mal, siempre vence el bien. Lo que hay que tener es resistencia, y luchar por ello”, apuntó Alicia en una concurrida conferencia de prensa.

¿Y ahora, cómo se atrapa un gesto con palabras?

¿Cómo expresar el baile romántico de sus manos?

¿Cuánto se queda fuera?

En el mundo se habla de Escuela Cubana de Ballet… se refieren a un “modo particular” de asumir la danza clásica en un país caribeño. ¿Dónde hallar realmente estas singularidades?

“Las escuelas de ballet en el mundo tienen las mismas demandas técnicas; pero en la forma en que se enseña, dadas las experiencias diferentes que se han heredado, en la metodología, ahí están las variantes, las riquezas…

“Lo otro, lo que ya se comprende como escuela es el efecto que demuestra la compañía, el Ballet Nacional de Cuba que es un producto ya hecho, lo que ven todos.

“Usted ve una compañía rusa, una francesa, y usted nota diferencias. Por eso la crítica enseguida afirma cuando nos ve bailar: “esa es la escuela cubana”. Es que hay una personalidad, una forma de moverse, una forma de decir diferentes.

“La escuela está en la forma en que hemos asumido los grandes clásicos. En la concepción artística y general; más particularmente en la forma de los bailarines de moverse, de decir esa concepción”.

“Esa formación artística nuestra la hemos compartido, y luego, Las Cuatro Joyas (Loipa Araújo, Josefina Méndez, Aurora Bosch y la desaparecida Mirta Plá). Y los que han llegado después, van a ir heredando, aprendiendo unos de otros”.

Insisto, por favor…

“La escuela cubana de ballet está en la forma en que interpretamos a los grandes clásicos, la versión teatral, la técnica. Y está en cada bailarín. El cubano cuando se mueve tiene un gusto de bailar, de acentuar su baile.

“Técnicamente, les pedía siempre a los alumnos que estuvieran con el ritmo en los pies; pero con el cuerpo, de la cintura para arriba, bailando con la melodía, que ahí está el sentir, el “habla” del bailarín.

“ La personalidad del bailarín se expresa donde hace algo más despacio, donde pone el acento. Ahí está la individualidad, y si es hombre, en como le da la mano a la bailarina o como la mira.

“ Y el punto final: hay una sensualidad en el hombre y la mujer cubanos que no existe en ningún otro bailarín. Es ese sentirse hombre y mujer, una forma muy particular que no se pueda agarrar; pero se puede sentir: Esa es la Escuela Cubana de Ballet.

¿Cómo se logra esa armonía a la hora de hacer un pas de deux, cuando una pareja sube al escenario?

“Nosotros hacemos hincapié en que estén bailando siempre juntos, y eso se ha comprendido bien por los cubanos.

“Por lo regular, en otros lugares, hemos visto que el hombre quiere lucir por un lado y la mujer por el otro. Bailan fabulosos, pero ni siquiera se han mirado. Eso es muy importante, que bailen juntos, porque es una conversación de ellos hacia el público”.

Pero, el ballet es cada vez más complicado…

“Sí, creo que se les ha puesto muy difícil. El ballet es como todo en la vida, cada vez se pone más difícil. Cuando yo empecé a bailar, y ahora me refiero al hombre, aquel que pudiera hacer dos vueltas y pararse en cuarta más o menos; si agarraba a una muchacha y podía sentársela en al hombro, ya estaba dentro de la compañía…

“En la mujer, la que pudiese hacer un piruet, un piqué en arabes con un compañero, poner la pierna de cierto modo, y que tuviera una gracia más o menos… ya estaba dentro. ¿Fueté? Sí hacías seis, te ponían una medalla. Así era cuando yo empecé.

“Luego, las cosas se fueron complicando. Parte de esa complicación técnica la tuve yo, que me enamore de la danza y estaba siempre buscando lo más difícil. El Ballet Nacional de Cuba ha heredado eso.

“En general, en el mundo se ha heredado lo difícil de la demanda técnica y ahora la sufren, pero la gozan. Lo maravilloso es como lo van venciendo, poderse empeñar y saber que camino escoger.

“Ellos a su vez están poniendo pautas… compadezco a los que vienen detrás. Ellos tienen una guía, un camino que no teníamos. Nosotros tuvimos que hacerlo”.

¿Y las primeras figuras de hoy?

“Yo los veo muy fuertes, muy bien técnica y artísticamente. Los responsables de que el Ballet Nacional salga adelante. Los veo responsables del futuro.

“Eso sí, constantemente los están tentando en el exterior, con ofertas increíbles, ¡increíbles! Un poco más y le ofrecen la Luna… pero cuando vamos al exterior y me preguntan, yo les respondo: Usted se equivoca, el artista tiene las raíces en su tierra.”

¿Ballet: Técnica o arte?

“El cuerpo del bailarín, naturalmente forma parte de lo que están bailando, no pueden ser bailarines automáticos, hay que expresar ese arte que sienten, decir la historia.

“La técnica es tan fuerte que a veces uno se enamora; pero hay que tener cuidado y enamorarse de los dos: la técnica y el arte”.

¿Y la preparación física?

“Todo tiene que bailarse que parezca natural, que el público no tome conciencia de ese esfuerzo físico, de lo duro que es.

“Esa experiencia la tuvimos con unos pesistas del equipo nacional. Cuando veían a los bailarines levantando a las muchachas, haciendo las cargadas, decían: mira que fácil es. Y yo les digo, ¿sí? A ver…Ahhhh.... No, no es tan fácil, y le dije: ahora sonría al mismo tiempo…”.

¿Le faltó algo por bailar?

“Sí, continuar bailando. Nunca uno se queda satisfecho.

“Todavía yo bailo dentro, todavía mis músculos se contraen, inmediatamente reaccionan. Siento la música y hay un reflejo condicionado que lo llevo dentro todo el tiempo”.

“Yo misma les monté “Shakespeare y sus máscaras”, la versión de Romeo y Julieta… y a la misma Viengsay Valdés, le dije, déjame sentirlo, ¡como me gustaría haberlo bailado!…

“Todavía no lo he bailado todo. Cuanto más tiempo pasa, más deseo de bailar me da. Nunca se acaba”.

 

 

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