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EL MORENO QUE SE HIZO SANTO

 

Es un negrón fuerte de anchas espaldas y músculos desarrollados. Cuando le miras la primera vez bien podrías confundirlo con un miembro del equipo Cuba de las tantísimas disciplinas deportivas en la que esta isla es buena.

Sin embargo, es cirujano maxilofacial, especialista de segundo grado. Hace dos meses estuvo en Suiza profundizando sus conocimientos, esos que aplica en el hospital provincial Abel Santamaría.

Hace casi un año, después del azote de un huracán, -son tantos que ya ni me acuerdo  cuál- me operó un cordal. Al ver que estaba nerviosísima comenzó a cantarme un guaguancó: “Ala, Ala lala... los caminos, los caminos/  no se hicieron solos/ cuando el hombre /cuando el hombre/  dejó de arrastrarse...”

Su consulta siempre está repleta pues él practica una medicina en la cual la socialización es reina y señora. El intercambio con la persona para él es imprescindible, será por su humildísimo origen que nunca olvida a pesar de su rango académico.

Es lo que yo llamo un ser auténtico, con tierra debajo de sus pies, y en ella ha echado raíces.

Jaranero, guapachoso, cubano de pura cepa, Higinio, así se llama, es uno de los mejores especialistas de este terruño.

Cierto día en el pasillo del hospital le hice una pregunta con todo el tacto debido.

-¿Es cierto que te hiciste santo?.

-Sí, así es, me respondió sin evasivas y me dio toda una disertación de por qué eso no tiene nada que ver con las demás facetas de su vida. Yo también creo lo mismo pues sé muy bien que es uno de los médicos más queridos por la población.

Al encontrármelo nuevamente le he preguntado ¿cómo son los suizos?.

Yo había acabado de leer en el periódico mexicano La Jornada un trabajo sobre la gripe aviar y todas las motivaciones del Pentágono para comprarle al gigante Suizo Roche, de la industria farmacéutica, la droga Tamiflu empleada en el sureste asiático contra la gripe aviar.

Pues la tal firma Roche osbstruyó los esfuerzos de Sudáfrica para producir una versión barata de sus medicinas anti VIH SIDA.

-Una cosa son las transnacionales y otra los doctores, me respondió el moreno.

-Claro, pensé yo , de lo contrario haríamos también la aseveración de que no hay rusos millonarios; ya sí los hay.

Yo presenté allá- continuó- un trabajo sobre cirugía facial reconstructiva que le interesó mucho a los especialistas. Con ellos mantuve muy buen intercambio, siempre necesario para el desarrollo de la medicina.

¡Los Alpes suizos tan famosos¡, el Rin, sus lagos fantásticos. Y Ginebra, esa ciudad tan publicitada, sede europea de las Naciones Unidas desde 1947 y de la Organización Mundial de la Salud.

Un país de inmigrantes europeos, acostumbrado a las lides diplomáticas. Sí, se ha ganado un buen lugar en la curiosidad mundial.

Este médico santo del que les cuento –que no médico chino- prometió enviarme por correo electrónico algunos apuntes que hizo acerca de su estancia en Suiza, sobre su educación, cultura y otros temas.

Quedo a la espera de su colaboración. ¿Y ustedes también?. Si alguno la ha visitado puede dejar aquí sus apuntes.

 
 
 
 
 
 

 
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4 comentarios

Zenia -

¡BIENVENIDA BLANCA¡. Es como dices, la socialización de la medicina, el contacto con el paciente y el intercambio con él, es una práctica médica extendida aquí. Mi papá se siente mejor solo de conversar con el médico de la familia de nuestro barrio, parece que es psicológico.
Es cierto que Suiza da esa imagen de tranquilidad. Te acompañaré en el viaje a Praga. Chao

Blanca Vázquez -

Que interesante la experiencia que cuentas. Necesitamos médicos que nos presten atención, no que intenten vendernos las medicinas que le han distados los laboratorios. Que humanidad respira ese doctor y cuanto hecho de menso algo así. Haberlos hailos pero yo no me he tropezado aún con uno. El que tengo es horrible, casi ni te mira. Me gustan los post de viajes, Zuiza suena a spa y relajación. Yo voy a publicar uno de Praga que al prepararlo es como si hubiera viajado por esa hermosa ciudad. Un abrazo cálido.
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Zenia -

¡BIENVENIDO VICENTE¡Este que cuentas es el fenómeno llamado robo de cerebros del tercer mundo.
Los profesionales con el sueño de mejorar emigran.
Parece que este médico peruano no solo trabaja por dinero, le tiene amor a su humanísima profesión. Es un buen ser humano.

Vicente Torres -

Mi médico es peruano y trabaja el doble de horas de las que le pagan. Lo hace por atender mejor a sus pacientes.
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