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 “El árbol con fruto....

.....siempre inclina su cabeza” . Este refrán, como otros cientos, cuelgan en la pared de la casa de Tomás Álvarez de los Ríos, un anciano sabio, escritor, nacido en Sancti Spíritus.
Su hogar es un reservorio de reflexión. Un buen día comenzó a llenar las paredes de su casa con refranes del Quijote colocados en tablillas de barro, y a ellos se agregó otro y otro cada vez que alguien le visita. Es famoso en su terruño por este entretenimiento.
-Las lágrimas no dejan ver el camino
-Sé como el sándalo que perfuma al hacha que lo hiere.
-El día parece largo cuando no se hace nada .
-Un artista vive donde quiera.
-Favor con favor se paga.
-Tiene siete vidas como el gato
-Para el amor y la muerte no hay caja fuerte
-Con la vara que midas serás medido.
-Hoy casamiento y mañana cansamiento.
-El vino es la teta del viejo.
 Tomás ha dicho que cuando comenzó lo hizo pensando en la gente humilde. “ El refrán no lo hacen los filósofos, ni los poetas, no los intelectuales, es la esencia misma del pueblo”, declaró en una oportunidad.
Es autor de cinco novelas: Las farfanes; Candelaria; Los triángulos del amor; Tronco, ramas y raíces; Esos carreteros.
Le conocí personalmente hace unos cuatro años en un encuentro profesional en Ciudad de La Habana, pues una colega espirituana me lo presentó. En unos minutos mencionó decenas de refranes y sacó de la manga su prosa picaresca, mientras su risa pícara le adornaba el rostro.
Él nació en 1918. Es fundador de la Unión de Periodistas de Cuba y una buena parte de su producción literaria ha sido editada en nuestra isla y en España.
Colecciona también objetos curiosos y raros: piedras volcánicas, calderos que pertenecieron a negros esclavos, ladrillos antiguos de Sancti Spíritus, unas de las siete primeras villas de Cuba fundadas por el adelantado Diego Velásquez.
La mayoría de los personajes de los libros de Tomás son campesinos, con ese modo peculiar de pensar la vida, a partir de la tierra, las plantas y los animales, lo más esencial sobre la tierra.
Su raigambre humanista sabe a café carretero, a trillo rodeado de palmeras y a pajarillos que trinan desde el monte.

Me cae bien este hombre sencillo, directo, con una lengua filosa y una opinión acerca de todo lo humano y lo divino.

Es un cubano de pura cepa, dicharachero, piropeador, imaginativo. Se parece a su antigua y atrayente ciudad. Al desandarla, con sus calles llenas de adoquines, parece que de cualquier esquina saldrá una volanta llevando a pasear a señoras encopetadas a la usanza colonial.

Tomás y su terruño tienen voz propia, nacida de las más antiguas raíces y tradiciones cubanas.


  
 
 
 
 
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