En Cuba los muchachos practican el fútbol
Los cubanos siguen el fútbol de muchas maneras
Por Zenia Regalado
Los barrios cubanos asisten por estos días a un sudoroso y saludable espectáculo: los adolescentes practican el fútbol en canchas improvisadas.
Aún bajo la pertinente lluvia de estos días, en los barrios de la periferia de la ciudad de Pinar del Río, y hasta en uno de sus parques más céntricos: el de la Independencia, grupos de mozalbetes practican el más universal de los deportes, motivados por los ardores de la copa del mundo que se disputa en Alemania.
Sus piernas corren tras balones rudimentarios sobre el asfalto, o en solares yermos enfangados por los aguaceros, mientras ellos sueñan con la gloria, y quien sabe si escuchan hasta el griterío de las gradas colmadas de miles de personas.
Puede que entre ellos corra algún próximo ídolo nacional. No sería la primera vez que desde un lejano y humilde barrio se levante una estrella.
Es esa pasión la que debe ser aprovechada ahora para encender leña en ese fuego en el que Cuba solo pudo arder una vez: cuando sustituyó a México.
Fue en 1938, en Francia, durante la tercera copa, y el sitio en la tabla final de posiciones aún hoy no se olvida : el octavo entre 35 participantes.
Los periódicos de aquella época relatan que la lluvia fue el principal enemigo en la goleada que le propinaron los suecos a los caribeños.
Ocho dianas hicieron los europeos en la cabaña criolla, y ninguna lograron los cubanos, sin el calzado apropiado para “fanguear”, y agotados después del empate a tres goles y la victoria 2-1 contra el potente cuadro de Rumania.
Estos goles de barrios de ahora recuerdan aquella otra lluvia, barredora de esperanzas aún no perdidas.